Correr, correr, correr y correr… para llegar a ninguna parte. Ésa parece ser la premisa de las nuevas redacciones periodísticas; las prisas del mundo digital no están perjudicando muchísimo. A los periodistas y, por extensión, a la población en general. No queda tiempo para contrastar; Twitter se lo come todo y no discrimina lo cierto de lo falso, lo impostado de lo contextualizado. Todo vale. ¿Has cuándo?
Quizá en poco tiempo asistamos a una nueva revolución: la información lenta. Ya no querremos ser los primeros en saber; simplemente querremos estar seguros de que lo que nos cuentan es cierto, nos lo explican bien, está contratado y contextualizado. Ya no nos bastará con unos cuantos caracteres lanzados por vete tú a saber quién y con qué intereses.
Los periodistas deben recibir el apoyo de sus editores para que puedan respirar entre noticia y noticia para explicarla bien, digerirla, comprenderla y servirla con una guinda en lo alto. En lugar de esto, en las cocinas de la información se saca de la nevera lo primero que llega, se tritura y sin pasarlo por el tamiz, se sirve. Y si la receta aún no está suficientemente horneada, no importa porque hay otra mesa que aguarda el postre.
Los periodistas, a correr y los ciudadanos a engullir sin pensar noticias a medias, mal explicadas; titulares al aire y a volar. Los ventiladores jamás han funcionado como ahora: los políticos lanzan el mensaje que les da la gana en un Twitter sin preguntas, matiz o filtro alguno y los periodistas repican lo que piulan sin rechistar. Da lo mismo, lo leemos y sin pensarlo pasamos a otra cosa, mariposa. Y si puede ser más frívola, tanto mejor.
Es lo que ha pasado hoy con la muerte de Osama bin Laden. Antes de que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, compareciera ante la prensa; Twitter daba la exclusiva, especulando sin contrastar. Obama había convocado a los medios y alguien pensó que quería explicar que el terrorista más buscado de la Historia había caído. En esta ocasión era verdad; pero en otras, como la reciente no-muerte de Manu Leguineche, las redes sociales han difundido mentiras como noticia, rumores como certeza y chismorreos como fuente. No podemos seguir así. Associated Press, una de las agencias de noticias más reputadas del mundo, ha servido esta mañana una foto de bin Laden muerto que era un montaje. Es cierto que han sido los internautas los primeros en darse cuenta, pero también es cierto que si no viviésemos en esta época de gula informativa, alguien habría revisado esa información. Pero ahora, con el mundo 2.0 y la globalización de las prisas, todo vale con tal de ser el primero; aunque no se llegue al lugar que uno esperaba.
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